Donde baila el Diablo

No-crítica literaria

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Los ángeles argucian alrededor de una mesa y construyen el esqueleto de moral y pensamiento que sostienen los pensares y diretes de los pobladores de “El reino del cielo”. También dudan.

No son los únicos. De tanto en tanto, como rebotando entre la historia, hacen su aparición otros estandartes del cómo pensar. Son el Sufí y el Patriarca, el Narrador, la Música. Entre ellos tejen la estructura del universo dónde viven, tan clase media, Dios, Eva, Adán, el Diablo y algún que otro personaje bíblico.

La principal tradición del pueblo es el Carnaval, momento en que todos, anonimados por sus máscaras, son nadie Y como nadies, se dedican a borracheras y excesos lógicos de la fiesta.

Dios hace las máscaras del Reino.

Adán es abogado.

Hay un bar, un tren que pasa, una estación. Hay un trato y un conflicto.

Y por sobretodo sabiduría. El libro de Lucio tiene sabiduría. Evidente y encriptada, ambas.

Por último, la sonrisa. En todas sus páginas, un poco más, o tal vez menos, pero siempre una sonrisa.

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